UNA CRISIS ECONÓMICA SORPRENDENTE, 2007-2012

18,72

Autores:
Colección
ISBN978-84-88203-10-6
Dimensiones15,00 x 21,00 cm
Número de Páginas208
Fecha de Publicación2012
Número de Edición1
EncuadernaciónRústica con solapas

Descripción

El título del libro lo dice todo o casi todo, esta es una crisis que ha cogido por sorpresa a los bancos centrales, los organismos de supervisión de los mercados financieros y la mayoría de los economistas. Así pues, se imponía una reflexión amplia y profunda.

Sabíamos desde el inicio que las hipotecas para la adquisición de viviendas no podían ser la causa de una crisis financiera global y naturalmente nos concentramos en este punto. El resultado fue el capítulo primero. Cuando descubrimos lo que había venido haciendo el “sistema bancario en la sombra” lo comprendimos casi todo. Sencillamente habíamos estado violando sistemáticamente  el principio de financiación del capital fijo establecido hace más de dos siglos (Adam Smith) y el resultado fue el que describe bien, el gráfico que cierra el capítulo. En solo diez años de 1996 al 2006, el precio real de la vivienda en los Estados Unidos subía casi cuatro veces más que en los cien años anteriores y esto había terminado afectando a otros muchos países, debido a la especial configuración de los mercados mayoristas de dinero bancario. Esta, entre otras, es una de las conclusiones del capítulo tercero dedicado al análisis de la crisis de la Eurozona.

En síntesis, los Estados Unidos acogen en Nueva York alrededor de ciento sesenta sucursales de bancos extranjeros (la élite de la banca  mundial) cuya función principal es adquirir, al por mayor, financiación en dólares que canalizan a sus matrices, en búsqueda de tipos de interés más elevados. Se da pues la paradoja de que los Estados Unidos, el mayor deudor mundial neto a largo plazo es, a la vez, el mayor acreedor mundial neto a plazos muchos más cortos. España y otros muchos países que contabilizan saldos negativos en sus balanzas  de pagos quedan a expensas de unos endeudamientos en los mercados mayoristas de dinero bancario que son los que permitieron difundir la crisis financiera allí gestada, agravada en nuestro caso por la especial configuración de la moneda única europea.

Durante el periodo inmediatamente anterior a la crisis, las cuentas exteriores del conjunto de la Eurozona estaban equilibradas. Pero en su interior se daba un desequilibrio en el comercio entre el Norte y el Sur que no debería haber sorprendido a nadie, si hubiera servido para aumentar la productividad y la competitividad en las áreas menos adaptadas a la competencia internacional. El caso de España es un buen ejemplo, nuestra incorporación a la moneda única propició una entrada  masiva de capitales que no supimos aprovechar para incorporar nuestra economía al club de las economías exportadoras. Esta es la tarea que ahora nos espera recuperar para conseguir un crecimiento sostenido que reduzca nuestra enorme tasa de paro. Pero esto no será posible si además de las reformas estructurales que se barajan, no acabamos con la fragmentación del sistema bancario de la Eurozona que solo desaparecerá cuando el BCE se convierta en el supervisor y prestamista de última instancia que hoy no tenemos.

Pero entonces es cuando se presenta ante nosotros la segunda de las sorpresas de esta crisis que atañe, en este caso, fundamentalmente a los economistas. Los bancos centrales nacionalizados para procurar, de una vez por todas, la estabilidad de los sistemas nacionales de crédito lo han olvidado. En un intento para salir del estado de confusión al que había llegado la macroeconomía moderna en los años setenta del siglo pasado, se habían concentrado en la tarea de pilotar la economía en base a políticas monetarias de objetivos múltiples que quisieron llamar “óptimas” para las que, en realidad, no existen conocimientos suficientes en nuestro arsenal. Esta es la conclusión principal del capítulo segundo que retomamos en el sexto de conclusiones, recomendando el retorno a políticas monetarias no activas que traten de acompasar la tasa de crecimiento de los medios fiduciarios de pago a la de su demanda, que no es poco.

El capítulo cuarto se ocupa de las propuestas de regulación bancaria que se vienen formulando, en ocasiones de manera algo precipitada y desorientadora por la presión de los acontecimientos que desencadenaron la crisis. Algo no funciona como habían previsto los que idearon la centralización de la reserva bancaria y un esbozo de lo que hemos llamado el problema monetario de nuestro tiempo, es lo que encontrará el lector en el capítulo quinto que probablemente sorprenderá a bastantes.

Con toda probabilidad, los medios de pago nacionales fiduciarios de curso legal forzoso que venimos utilizando en nuestras transacciones no son dinero en sentido económico. Pero esto es algo que  la macroeconomía moderna ha olvidado, por más que el economista austriaco Carl Menger, hace más de un siglo, tuviera la ocurrencia de recordárselo a todos los economistas que leen la lengua inglesa. Y en tanto la profesión asume lo que esto significa, nosotros creemos que el retorno a políticas monetarias menos arrogantes eliminará uno de los obstáculos que se oponen al crecimiento sostenido de las economías de mercado. Así pues la tarea que nos aguarda va a exigir sacudirnos esa especie de pereza intelectual que algunos encontramos en el desarrollo de la macroeconomía moderna.

Autor

Información sobre el autor

Aguirre José Antonio

José Antonio de Aguirre, tras un breve paso por el mundo de la enseñanza universitaria, ha desarrollado toda su carrera como economista profesional, primero al servicio del Ministerio de Hacienda y más tarde en las Bolsas de Valores de Bilbao, Barcelona y Madrid. En la década de los ochenta jugó un papel destacado en la introducción en España de las teorías de James Buchanan y su escuela, propiciando la traducción a nuestra lengua de algunas obras básicas de su enfoque doctrinal como El cálculo del consenso, El poder fiscal y La razón de las normas. Fruto de esta colaboración es su libro sobre El poder de emitir dinero (1985). En los años noventa fundó la Biblioteca de Grandes Economistas del Siglo Veinte, que incorporó al español las obras básicas de Böhm-Bawerk, Wicksell, Hayek y Fisher, así como una edición crítica de la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, de John Maynard Keynes. Su libro El capitalismo y la riqueza de las naciones (2009) explica el grado de confusión reinante en la gran moda del siglo pasado: la teoría macroeconómica. Y estas lecciones breves, escritas a vuelapluma, son una reflexión suscitada por el libro que escribió junto a Juan Castañeda Fernández —un buen conocedor de los entresijos de la política monetaria—, Una crisis económica sorprendente, que apareció el año pasado en esta misma colección.

Castañeda Juan

Juan E. Castañeda se licenció y doctoró en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid en 1997 y 2003, respectivamente. Su tesis doctoral, centrada en el análisis de la estrategia monetaria del Banco Central Europeo, recibió el accésit del Premio Víctor Mendoza del IEE. Ha sido profesor en la UNED desde 1998 hasta 2012 e investigador visitante en la Cass Business School (City London University, Londres) durante el curso 2004-2005. Asimismo, ha realizado trabajos de investigación para el Instituto de Estudios Fiscales y el Banco de España, a través de la concesión de varios proyectos de investigación.

Se ha especializado en el estudio de los bancos centrales y de sus reglas de política monetaria. Ha colaborado en la elaboración de los informes trimestrales del llamado «diálogo monetario» entre el Parlamento Europeo y el BCE entre los años 2007 y 2008. Asimismo, escribe desde 2011 en el diario Expansión y publica artículos de moneda y banca central en el diario digital Oro y Finanzas y Gold Money. Es desde julio de 2012 profesor de Economía de la Universidad de Buckingham en el Reino Unido.

Índice

Índice

Prefacio

Capítulo 1.  la sorpresa de los bancos centrales y los reguladores
I. El caso de Inglaterra
II. El caso de los Estados Unidos

Capítulo 2.  la sorpresa de los economistas
I. El largo camino hacia la adopción de una política monetaria reglada
II. La independencia de los bancos centrales y las reglas monetarias
III. La ley de la física monetaria
IV. Una cura de humildad
V. El debate de las reglas monetarias
VI. El caso de España

Capítulo 3.  la crisis de la eurozona
I. La transición al dinero fiduciario
II. La política económica tradicional y ortodoxa
III. El pseudo-sistema de patrón oro
IV. Las áreas monetarias óptimas
V. La unificación monetaria europea
VI. Soberanía monetaria y soberanía presupuestaria
VII. La posición del Reino Unido y la moneda paralela
VIII. La experiencia de la moneda única europea
IX. Una oportunidad perdida
X. El Banco Central Europeo
XI. Endeudamiento externo
XII. El restablecimiento de las monedas nacionales

Capítulo 4.  la regulación del sistema bancario
I. La regulación del capital bancario
II. Los acuerdos de Basilea III
III. Bancos de inversión y bancos de depósitos
IV. La regulación de la banca de inversión
V. El riesgo sistémico bancario
VI. El debate de la supervisión bancaria y financiera en la Eurozona

Capítulo 5.  el problema monetario de nuestro tiempo
Preámbulo
I.  «Los austriacos»
II. La pereza intelectual de los economistas

Capítulo 6.  de la estabilidad de precios a la estabilidad monetaria
I. El diagnóstico
II. El mito de la estabilidad de los precios
III. Un objetivo monetario sencillo
IV. Consecuencias prácticas del equilibrio monetario
V. La estabilidad presupuestaria
VI. El futuro de los bancos centrales

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