Desde Unión Editorial, nos hacemos eco de las condolencias y recuerdo ofrecidos por Carlo Lottieri en el Instituto Bruno Leoni por el fallecimiento del pensador italiano Darío Antiseri:
La muerte de Dario Antiseri nos priva de una persona generosa y afable, pero sobre todo, de un gran erudito católico y liberal: un creyente que valoraba mucho la libertad individual. Sin embargo, no era un católico liberal del siglo XIX, como Antonio Rosmini o Alessandro Manzoni. En este sentido, el suyo fue un camino muy original.
Filósofo de la ciencia, comenzó su investigación centrándose primero en el positivismo lógico y luego en Karl Popper. Y fue especialmente este último quien lo llevó a desarrollar la crítica implacable del cientificismo que caracterizaría toda su obra. En Popper, descubrió una humildad que abrazó y cuyas implicaciones cívicas reconoció. Además, la idea de una sociedad abierta adquirió un significado completamente nuevo gracias a su encuentro con los autores de la escuela austriaca de economía: Menger, Böhm-Bawerk, von Mises y von Hayek. Su interés en esta corriente generaría estudios e investigaciones, pero también traducciones cruciales (en particular para las ediciones Rubbettino) y espléndidas conferencias, a menudo gracias al Centro de Metodología de las Ciencias Sociales de la Universidad Luiss, que coorganizó con otros académicos. En los últimos años, su compromiso ha sido con una renovación de las ciencias humanas que reconoce la validez del individualismo metodológico: esa idea —compartida por muy diversos autores— según la cual todo fenómeno social es resultado de acciones individuales, porque solo el individuo existe, piensa y actúa. Aunque a veces afirmamos que Francia invadió Alemania o que la burguesía se opuso a una reforma determinada, debemos ser conscientes de lo inadecuado de este lenguaje, dado que solo actuaron unos pocos franceses y unos pocos burgueses.
Las implicaciones de todo esto quedaron claras en la investigación de Antiseri. Si todo fenómeno social resulta de las acciones combinadas de múltiples individuos, una importante línea de estudio sería la de los efectos distorsionadores y a veces apenas visibles de las llamadas decisiones colectivas, generalmente tomadas por algunos en nombre de otros. A finales del siglo pasado, su grupo de investigación se convirtió así en un referente clave para la cultura contemporánea, involucrando a algunas de las figuras más destacadas del panorama intelectual: desde Raymond Boudon hasta Hans-Georg Gadamer. Y fue a partir de su diálogo con este último que Antiseri lanzaría su propia y original reinterpretación de la hermenéutica, precisamente en relación con la escuela austriaca.
La fe cristiana fue ciertamente central en la experiencia de Antiseri. Por otro lado, incluso más que Popper o Hayek, miró a Blaise Pascal: un gran físico y matemático que descubrió la cruda alternativa entre las afirmaciones (presuntuosas) de la razón humana y la objetividad de una trascendencia que debe llevarnos a reconocer nuestra propia incompetencia. En cierto sentido, con su énfasis en la fe y su crítica de la metafísica, Antiseri revivió temas de siglos atrás, comenzando con la crítica franciscana (entre Duns Scoto y Guillermo de Occam) del aristotelismo cristiano de la escolástica. En uno de sus libros más discutidos ( Cristiano porque relativista, relativista porque cristiano , 2003) expuso las razones teóricas de este escepticismo en la filosofía y la creencia en Dios. De hecho, como con David Hume, para Antiseri también existe una brecha insalvable entre hechos y valores. De ello se desprende que «la información no produce imperativos. Y, por lo tanto, no es lógicamente posible pasar del ser al deber ser». Un uso correcto de la razón, como corresponde al filósofo, debe reconocer, en consecuencia, lo que está irreductiblemente más allá de toda comprensión humana. Si bien esto ayudó a Antiseri a contrarrestar el dirigismo socialista, también lo llevó a cuestionar —y a enfrentarse con muchos amigos católicos y liberales— toda la tradición del derecho natural.
Pensador original y hombre libre, Antiseri también buscó impulsar cambios que maximizaran la autonomía de la sociedad civil. En este sentido, su compromiso de décadas con la libertad educativa es particularmente encomiable. Al igual que uno de sus autores favoritos, Luigi Sturzo, estaba convencido de que, entre las muchas libertades que el estatismo nos ha arrebatado, esta es sin duda una de las más preciadas, especialmente porque donde el poder controla la educación de los jóvenes, la sociedad se vuelve cada vez más débil, pasiva y manipulable.
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El legado de Dario Antiseri no termina con su partida. Obras como La Viena de Popper, Principios Liberales, Cómo se razona en filosofía o Karl Popper. Protagonista del siglo XX, nos lega una labor de alto valor intelectual que nos invita a la búsqueda interminable por la verdad.
